AL BORDE DEL ABISMO
Valentina Coronado Colmenares
AL BORDE DEL ABISMO
Fundación Universitaria del Área Andina - Psicología
Ese miércoles parecía ser un día normal para el mundo en general, uno como cualquier otro, pero para Olivia era distinto y lo llamo “el inicio del fin”. Ella pudo haber disfrutado del gran e irónico día soleado que hacía, del bello canto de las aves o siquiera se habría percatado de las más de 15 llamadas de su hermana que la esperaba en casa; pero no fue así, ella solo se mantuvo durante varias horas caminando sola, sin destino alguno, solo tratando de escapar de alguna manera de aquellas ideas que se adueñaban de su mente y realmente pensaba que era por una razón sin sentido, ya que solo se desanimó así debido a que ese día en la mañana había hablado con Fernando, pero realmente se convenció a sí misma de que aquella larga y tediosa conversación no había sido relevante ni había sugerido ningún cambio a su relación.
A pesar de las miles de veces que se repitió a sí misma que nada había pasado, que nada cambiaria, que él nunca se iría y que siempre estaría a su lado, no pudo aguantarlo más, simplemente tuvo que dejar de mentirse tan vilmente y afrontar, aunque con miedo y sin quererlo a la gran nube negra que había en su corazón.
La verdad es que si, realmente Olivia si había hablado con Fernando aquella mañana del miércoles, solo que al contrario de como quiso creerlo si fue una conversación que hizo que, a pesar de no estar preparada, tuviera que abrir los ojos ante la cruel realidad de aquella persona que tanto amaba y que durante todos estos meses le había vendido tan solo una máscara falsa de perfección impensable que no hacía más que ocultar al gran monstruo de manipulación y mentiras que había detrás.
Entre todas aquellas ideas que saltaban de un lado a otro como puñales en la mente de Olivia, destaco una en especial y no por su brillo, sino por ser la que más dolor reprimía. Había tratado de no pensar en ella durante años y a pesar de que viera señales que le indicaban que sostener esto era como tener una granada en las manos que podía explotar cuando fuera, ella prefería seguir corriendo aquel riesgo antes de bajar la cabeza y aceptar aquellas desgracias de su infancia.
Después de tanto caminar sin destino y sin razón, viendo a la gente pasar a su alrededor con mirada juzgadora, Olivia llego a un hotel y prefirió quedarse allí antes de volver a casa y tener que darle explicaciones detalladas de lo que había sucedido a su hermana, realmente eso era lo último que quería hacer.
A la mañana siguiente Olivia despertó sin fuerzas todo por culpa del insomnio, ella lo describe como un bicho insoportable que siempre trae ese recuerdo doloroso de forma vivida a su mente, la hace llorar, estresar e incluso en ocasiones gritar, no lo soporta, lleva meses sufriendo de esto y ha pensado en tomar pastillas para que ese feo bicho no invada su mente solo que no quiere caer en adicciones, se prometió nunca ser como su madre
Esa tarde se sentía sin ánimos, tenía ideas de muerte y ya de tanto tiempo que llevaba llorando empezaba a compararse con un pozo sin fondo, no sentía propósito y el sentimiento de abandono cuando la dejo su padre volvía a su pecho, quizá esto se debía al sueño, al cansancio o por la conversación con Fernando, no estaba segura, solo sabía que ya no quería seguir sufriendo y salió a caminar nuevamente sin rumbo.
La brisa helada golpeaba su rostro, pero Olivia apenas y lo sentía. Sus pies se estaban aferrando al borde del abismo, y bajo ella, se encontraba un enorme acantilado que parecía ser el reflejo de lo que sentía en su pecho. Realmente había llegado allí casi que, por instinto, en un intento por encontrar algo de luz dentro de ese caos que la consumía.
Cerró los ojos y respiró hondo. Su mente traía a ella vagos recuerdos, ecos de risas y palabras que mientras alguna vez fueron refugio, ahora pesaban como sombras. Se amaban, eso no era cuestionable, pero a veces el amor no basta, ni las promesas falsas. Algunas conexiones sin importar que tan profundas sean se desgastan con el tiempo como una cuerda que, al tensarse demasiado, termina por romperse.
Olivia habia cedido el poder de su vida a Fernando, los hilos que la manejan, pero si ya no hay quien los controle no sostienen nada, dejándola en una cuerda floja sin control, ni valor. Cada día, cada promesa, cada instante juntos se desvanecía como la neblina en la cima del acantilado. Ahora, frente al vacío comprendía que el verdadero temor no era perder a alguien, era perderse a sí misma en el proceso.
Luego recordó como un grito inquietante y revelador aquellas palabras que alguna noche tranquila escuchó: “A veces nos aferramos a aquello que nos da certeza, aunque sea una certeza que duela”. Había reído en ese entonces, sin imaginar que, tiempo después, esas palabras se convertirían en su realidad, No extrañaba solo lo que fue, sino que aún peor extrañaba todo aquello que no pudo ser.
Lágrimas recorrieron su rostro, pero esta vez no las detuvo, solo las dejo ser. Eran parte del cambio, del nuevo inicio al que se estaba negando, eran la lluvia que limpiaba lo viejo para dar paso a lo nuevo; respiró hondo otra vez y dio un paso atrás. Se alejó del borde, del miedo, de los hilos que la ataban, de la desesperación. Sabía que había mucho camino por recorrer, pero por primera vez en un buen tiempo, sintió que era libre de nuevo. Porque el verdadero valor no está en aferrarse, sino en aprender a soltar.
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